Las palabras que el español heredó del árabe, con su forma árabe, lo que significaban y la entrada del DCECH —el diccionario etimológico de Corominas y Pascual— citada debajo de cada una, para que puedas comprobarla tú. Y también las que parecen árabes y no lo son.
46
Arabismos
12
Falsos arabismos
DCECH
Fuente citada
Actualizado el . Esta página se amplía: las entradas nuevas se añaden, las viejas no se retiran.
Cómo está hecho esto
Cada entrada se contrastó con el Diccionario crítico etimológico castellano e hispánico (DCECH) de Joan Corominas y José Antonio Pascual, y debajo de cada palabra va lo que dice el diccionario, para que cualquiera pueda comprobarlo sin fiarse de nosotros. El recuadro reproduce el texto del DCECH; cuando hace falta situarlo, se indica además el volumen y la voz (s. v.) donde buscarlo.
Lo que no consta en la fuente no se escribe. Por eso hay una segunda sección: las palabras que casi todo el mundo —incluidos nosotros alguna vez— da por árabes y que el DCECH deriva de otra lengua.
Ninguna entrada coincide con esa búsqueda. Prueba con menos letras: el glosario no recoge todavía todos los arabismos del español.
Primera sección
Los arabismos (46)
Palabras españolas que vienen del árabe. Cada ficha lleva la forma árabe vocalizada, la transliteración, lo que significaba en origen, la primera vez que se documenta en castellano y la entrada del DCECH tal cual.
Significado original«Quejarse»; en quinta forma (tašakkā), «acusar».
Primera documentaciónBerceo; y un documento de 1244: «El peón que las crebantare [las treguas]... e xáquele por traydor»
El verbo árabe significa 'quejarse', y el castellano medieval lo usó primero como 'acusar'; en el documento de 1244 todavía se escribe con x, a la árabe —«xáquele por traydor»—, antes de que se impusiera la ch. Corominas rechaza expresamente la alternativa no árabe de García de Diego (que vendría de asacar) y observa que «no hay dificultad alguna en pasar de 'quejarse' a 'acusar'», acepción esta última ya documentada en el árabe de España por Pedro de Alcalá. En algunos pasajes el sentido árabe original asoma intacto: en el Libro de buen amor, el Amor aconseja al poeta «sírvela con grand arte e mucho te achaca», esto es, quéjate mucho. De la misma raíz sale achaque, que sigue siendo la queja convertida en dolencia. Conviene ser exacto: lo que Corominas marca con «probablemente» es de cuál de las formas verbales árabes procede, no que proceda del árabe.
Achacar y achaque son la misma raíz que el Corán pone en boca de la mujer que fue a reclamar ante el Profeta: وَتَشْتَكِي إِلَى اللَّهِ (wa taštakī ilā llāh), «y se quejaba ante Dios» (58:1). La sura entera lleva su nombre, al-Muǧādala, «la que discute».
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ACHACAR, 'acusar' ant., 'imputar falsamente', del ár. šákà 'quejarse' o de una de sus formas derivadas, probablemente de la quinta forma, que era en hispanoárabe atšákkà 'acusar' (árabe clásico atašákkà).» (DCECH, s.v. ACHACAR)
Significado original«Queja»; y también «mal corporal, enfermedad» — la misma palabra para las dos cosas.
Primera documentaciónachac, 1224; achaque, Berceo (s. XIII)
La raíz árabe ش ك و significa quejarse, y de ella salieron en castellano dos palabras que hoy parecen no tener nada que ver: achacar, que es imputar algo a alguien (porque quejarse de una persona es acusarla), y achaque, que es la dolencia. En árabe la queja y el mal del cuerpo son literalmente la misma palabra, y el castellano se quedó con las dos ramas sin darse cuenta de que eran una. Corominas defiende la etimología contra quienes la derivaban del castellano asacar y demuestra lo contrario: fue achacar el que arrastró a asacar. Cuando dices «los achaques de la edad» estás diciendo, en el árabe de debajo, «las quejas» del cuerpo.
Culpar a alguien y tener una dolencia son la misma palabra árabe. Es la raíz con la que Yaʿqūb dice en el Corán إِنَّمَا أَشْكُو بَثِّي وَحُزْنِي إِلَى اللَّه, «solo me quejo de mi pena y mi tristeza a Allah» (12:86).
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
ACHACAR, 'acusar' ant., 'imputar falsamente', del ár. šákà 'quejarse' o de una de sus formas derivadas, probablemente de la quinta forma, que era en hispanoárabe ʾatšákkà 'acusar' (árabe clásico ʾatašákkà). — DERIV.: «Achaque [1224: achac; Berceo: achaque] 'acusación', 'causa' ant., 'pretexto', 'enfermedad habitual', del ár. šakâ f., šakâʾ m., 'queja', 'mal corporal', 'enfermedad', de la misma raíz que el verbo anterior.»
Significado original«Pulir» — sobre todo pulir el acero.
Primera documentación1270, Historia Troyana (en la forma acecalar)
ṣaqal es «pulir», y lo que se pulía era el acero. Durante toda la Edad Media la forma castellana fue acecalar, y significaba una cosa muy concreta: sacarle brillo a la hoja de una espada. Aparece así en los romances viejos, en el de Santa Gadea de Burgos y en el del obispo don Gonzalo. La forma con i no se impone hasta el siglo XVII, y ahí es donde el verbo se vuelve hacia dentro y deja de aplicarse al arma para aplicarse a la persona. Corominas, con guasa, apunta que la i pudo entrar por contagio de cica, «bolsa», «por los gastos que ocasiona el acicalarse» — es decir, por lo caro que sale arreglarse.
Acicalarse antes de salir es, palabra por palabra, lo que se le hacía a una espada de Toledo: pulirle la hoja hasta que brillara. Y Corominas insinúa que la vocal se le pegó de «bolsa», por lo que cuesta.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
ACICALAR, del ár. ṣáqal 'pulir'. — «La forma que aparece en este texto y en toda la Edad Media es acecalar, que todavía es la más frecuente en el S. XVI.»
Significado originalRegistro, libro de cuentas; oficina donde se registra
Primera documentaciónadoana, 1261; aduana, en las Partidas (frente al oc. ant. doana del s. XIII y el fr. douane de 1372)
Dīwān era el registro: el libro en que el Estado islámico anotaba los impuestos, las mercancías y las pagas de los soldados; de ahí pasó a nombrar la oficina misma. El castellano lo toma pronto —adoana en 1261— y Corominas defiende que lo tomó directo del árabe y no de Italia, precisamente porque solo el castellano y el portugués soldaron el artículo. Siglos más tarde la misma palabra volvió a Europa por otro camino, del persa al turco y del turco al francés, y nos dejó diván: primero la sala donde se reunía el consejo, después el banco con almohadones. Y en un tercer viaje, el dīwān de los poetas, la colección reunida de una obra. Una sola palabra, tres oficios: la ventanilla del aeropuerto, el sofá y el libro de poemas.
La aduana del aeropuerto y el diván del psicoanalista son la misma palabra árabe entrando por dos puertas distintas con seiscientos años de diferencia.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. A–CA, s.v. ADUANA: «ADUANA, del ár. dīwān 'registro' [u] 'oficina de aduanas' […]. 1.ª doc.: adoana 1261; aduana en las Partidas». Corominas defiende el préstamo directo: «No está muy fundada la opinión de Neuvonen de que la voz española no puede venir directamente del árabe; la aglutinación del artículo a-, que sólo notamos en castellano y portugués, indicaría más bien lo contrario». Y en el vol. C–F, s.v. DIVAN: «DIVAN […] del turco dīwān 'sala de recepción, rodeada de cojines', que a su vez procede del persa dīwān 'tribunal, oficina, asamblea'. […] Comp. ADUANA».
Primera documentaciónhorro/forro: documento de San Salvador del Moral, año 1074 («mancebo forro»). ahorrar: aforrar, 1219, Fuero de Guadalajara.
Ahorrar no nació teniendo nada que ver con el dinero: significaba liberar a un esclavo o a un cautivo, y con ese sentido se usa desde el Fuero de Guadalajara de 1219 hasta Cervantes y Mateo Alemán —«buscaría manera como ahorrarla y me casaría con ella», en el Guzmán de Alfarache—. De ahí pasó hacia 1300 a «desembarazar, aligerar de carga», y solo después a «librar de un trabajo, de una pena, de un pago». Corominas fecha con precisión el salto final: el sentido económico absoluto, hacer economías, aparece por primera vez en el Lazarillo de Tormes. La raíz es ḥ-r-r, la misma de ḥurriyya, «libertad», y de taḥrīr, «liberación».
Cada vez que alguien dice «estoy ahorrando» usa, sin saberlo, el verbo con el que en la España medieval se manumitía a un esclavo; la palabra guarda el recuerdo de un mundo de cartas de libertad. El Corán emplea el mismo ḥurr en 2:178 —الْحُرُّ بِالْحُرِّ, «el libre por el libre»— y su raíz en 58:3, فَتَحْرِيرُ رَقَبَةٍ, la orden de liberar a un esclavo.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«HORRO, del ár. ḥurr 'libre, de condición libre'.» Y en DERIV.: «Ahorrar 'poner en libertad (a un esclavo o cautivo)' [aforrar, 1219, F. de Guadalajara; todavía empleado en este sentido en el Siglo de Oro: Cervantes, M. Alemán]». En nota al pie: «El verbo ḥárrar ya tiene este sentido en árabe.» (DCECH, s.v. HORRO)
La primera vez que un castellano escribe «alacrán» es en el Calila e Dimna de 1251, el libro de fábulas que se tradujo del árabe en el círculo de Alfonso X antes de que fuera rey. La palabra, por tanto, no entró por el campo sino por un libro, y en el mismo movimiento de traducción que trajo la astronomía y las tablas. El castellano ya disponía de «escorpión», heredado del latín, y conservó las dos sin que ninguna desplazara a la otra. Es un caso distinto al de bellota: aquí el arabismo no vino a sustituir, vino a acompañar.
En árabe, ʿaqrab es hoy además la aguja del reloj: عقرب الساعة, «el alacrán de la hora» — alguien vio que las manecillas se movían como la cola de un escorpión. (Este dato es de árabe moderno, no de Corominas; lo confirma Ahmad.)
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALACRÁN, del ár. vg. ʿaqráb (ár. ʿáqrab) íd. 1.ª doc.: 1251, Calila, 39.688.»
Del árabeبَنَّاءbannāʾ, de la raíz banā «edificar»
Significado originalConstructor, el que edifica
Primera documentaciónalbañí, 1268 (aparición esporádica en el andaluz del s. XIII); albañil, h. 1400, Glosario de Toledo
Corominas subraya que «albañil es arabismo tardío»: no entra de verdad hasta hacia 1400, cuando los reinos cristianos ya han heredado las ciudades andalusíes y, con ellas, a los hombres que las levantaron. Desplazó a una palabra romance, probablemente pedrero: el glosario de Toledo traduce el latín latomus por albañil, mientras el del Escorial todavía dice pedrero. La -l final es invención castellana: durante más de un siglo se dijo albañí, y luego se le añadió una consonante, el mismo fenómeno que en alquiler o albañal. Nebrija anota además que albañí significaba también 'arquitecto', es decir, el maestro y no solo el operario.
Durante más de cien años en Castilla no hubo albañiles, hubo albañíes: la -l del final se la puso el español a una palabra que en árabe termina en hamza.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. A–CA, s.v. ALBAÑIL: «ALBAÑIL, del ár. bannāʾ 'constructor', 'albañil', de la raíz banā 'edificar'. 1.ª doc.: albañí, 1268; albañil, h. 1400, Glos. de Toledo».
Del árabeبَرَاءَةbarāʾa, de la raíz b-r-ʾ «quedar libre, absolver»
Significado originalDispensa; recibo, carta de pago que declara saldada la obligación
Primera documentaciónalbará, 1039; albarán, Fuero de Madrid, 1202; albalá, Partidas
Barāʾa no significa «papel»: significa quedar libre, quedar absuelto de una obligación. En la administración andalusí era el recibo que declaraba saldada la deuda, y con ese sentido exacto entró en el castellano más antiguo que se documenta —albará en 1039—, con la variante albarán ya en el Fuero de Madrid de 1202. Por eso el albarán de hoy no describe la mercancía: certifica que se entregó y que nadie debe nada. Corominas lo trata bajo albalá, la cédula real, que es la misma palabra árabe con otro destino administrativo. Y esa misma palabra da nombre a la novena sura del Corán, que empieza precisamente con ella: barāʾatun mina llāhi wa-rasūlihi (9:1).
El papel que firmas al repartidor lleva el mismo nombre que la sura 9 del Corán, y los dos dicen lo mismo: «quedas libre».
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. A–CA, s.v. ALBALÁ (albarán se trata dentro de esta entrada): «ALBALÁ, 'cédula real', 'documento en que consta algo', del ár. barāʾa 'dispensa', 'recibo, carta de pago', de la raíz b-r-ʾ 'ser libre', 'absolver'. 1.ª doc.: albará 1039; alvalá 1233; albalá, Partidas. […] La variante cast. álvarán / albarán aparece en el Fuero de Madrid de 1202».
Significado original«Cierto dulce de azúcar cocido»; del persa pānīd.
Primera documentaciónJuan Ruiz, Libro de Buen Amor (h. 1330-1343)
El fānīd era una pasta de azúcar cocido, un dulce persa que el árabe adoptó y que al-Ándalus fabricaba y vendía; las Ordenanzas de Granada aún lo regulan en 1672. Covarrubias explica para qué servía de verdad: se le daba a los niños que no conseguían expectorar, «para ablandarles el pecho». Ahí está el salto entero de sentido. El niño al que le daban alfeñique era el niño enfermizo, el delicado, el que no estaba fuerte — y sin que nadie lo decidiera, el nombre del caramelo acabó siendo el nombre de la persona frágil. Cervantes ya usa la forma antigua alfenique, que es la etimológica.
Cuando dices que alguien «está hecho un alfeñique» lo estás llamando barrita de azúcar persa: el jarabe para la tos de los niños de al-Ándalus, convertido en insulto cariñoso.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
ALFEÑIQUE, del ár. fānîd 'especie de dulce de azúcar', y éste del persa pānîd. — Sobre el sentido moderno: «éste se daba, según Covarr., a los niños que no podían arrancar, para ablandarles el pecho, es decir, a los que tenían tos y por lo tanto estaban delicados».
Significado original«fruto del algarrobo»; también «vaina, silicua de legumbre»
Primera documentacióngarrova, 1263; algarrova, 1555 (Laguna), y ya en el ms. F de la 1.ª Crónica General
Corominas archiva «garrafal» dentro de esta entrada, y la cadena que describe es completa. La guinda garrofal era una variedad «mayor y más dulce que la ordinaria», llamada así —dice él— «quizá más bien porque son casi tan grandes como el fruto de este árbol». Después garrofal se convirtió en garrafal «por etimología popular (garrafa) en las regiones donde garrofa no era conocido», y de ahí pasó a aplicarse «a todo lo enorme»: Quevedo escribe «zanahorias garrafales» y Tirso, «narices garrafales». El adjetivo que hoy reservamos para los errores empezó siendo una medida de tamaño tomada de un árbol.
Un «error garrafal» es, literalmente, un error del tamaño de una algarroba. Y la palabra sufrió por el camino su propia confusión: la gente la cruzó con «garrafa» porque ya nadie sabía qué era una garrofa.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALGARROBA, 'fruto del algarrobo', 'legumbre llamada también veza o arveja (Vicia sativa y Ervum monanthos)', del ár. ḫarrúba 'fruto del algarrobo', 'vaina, silicua (de legumbre)'. 1.ª doc.: garrova, 1263; algarrova, 1555, Laguna, y ya en el ms. F de la 1.ª Crón. Gral.» En el cuerpo de esa misma entrada: «Guinda garrofal 'clase de guinda mayor y más dulce que la ordinaria' [Covarr.], así llamada, sea por resultar de un injerto del guindo en el algarrobo (Covarr.) o quizá más bien porque son casi tan grandes como el fruto de este árbol; luego cambiado en garrafal por etimología popular (garrafa) en las regiones donde garrofa no era conocido, y por extensión se aplica a todo lo enorme: zanahorias garrafales (Quevedo), narices garrafales (Tirso).» El diccionario remite además, expresamente: «Garrafal, V. algarroba».
Del árabeمَعْصَرَةmaʿṣara (en Granada maʿṣára), de ʿaṣara «apretar, exprimir»
Significado originalEl lugar donde se exprime; molino de aceite
Primera documentación1604 (voz de los reinos de Granada y Murcia según Autoridades; ya en el vocabulario de Pedro de Alcalá)
Almazara es «el lugar donde se exprime», de ʿaṣara, apretar. Es un arabismo tardío y regional: en 1604 seguía siendo palabra de Granada y de Murcia, y todas las autoridades antiguas que recoge Corominas son murcianas. Sobrevivió justo donde el árabe se habló hasta el final y donde el oficio no se interrumpió: el molino siguió moliendo, cambió de dueño y conservó el nombre. Junto a aceite (az-zayt) y aceituna (az-zaytūna), completa un vocabulario entero heredado sin tocar: el fruto, el líquido y el edificio. La raíz ʿ-ṣ-r es la del verbo coránico de 12:49, wa-fīhi yaʿṣirūn, «y en él exprimirán».
En el olivar español el fruto, el aceite y el edificio donde se hace tienen los tres nombre árabe. De toda la cadena, lo único que cambió de idioma fue el dueño.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. A–CA, s.v. ALMAZARA: «ALMAZARA, 'molino de aceite', del ár. maʿṣara (en Granada maʿṣára) íd., derivado de ʿaṣar 'apretar, exprimir'. 1.ª doc.: 1604. […] Según Aut., almazara era voz de los reinos de Granada y Murcia, y todas las autoridades que da el DHist. son de murcianos […]. “Molino de azeite: maʿṣára” figura en PAlc.».
Es uno de los arabismos más antiguos que se documentan por escrito en castellano: año 1028. Corominas advierte que su capacidad era «diversa según las épocas y regiones», detalle que dice mucho de cómo funcionaba el comercio antes de que existiera un patrón común. Conviene notar dónde pone él la cautela: el paso del árabe al castellano lo da por firme, y reserva el «es posible» y el «quizá» para lo que hubiera antes del árabe. Y hay algo que un lector musulmán reconoce de inmediato: el mudd sigue siendo hoy una medida viva en el fiqh, la que se emplea en múltiplos para calcular el zakāt al-fiṭr.
Un labrador castellano midiendo grano en el año 1028 y un musulmán calculando hoy su zakāt al-fiṭr están usando la misma palabra: mudd. (Este dato es de la tradición jurídica, no de Corominas.)
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALMUD, 'medida para áridos, de capacidad diversa según las épocas y regiones', del ár. mudd íd. 1.ª doc.: almude, 1028; almud, 1049.» Sobre el origen anterior al árabe, Corominas es prudente: «La palabra árabe a su vez es posible que venga del lat. modius íd., quizá por conducto del gr. módios».
Primera documentaciónaltarmuz, 1323-35, El Conde Lucanor; altramuz, 1513, Herrera
Este es el arabismo de ida y vuelta más limpio que encontré: Corominas encadena griego, árabe y castellano sin poner un solo «quizá» en ningún eslabón. El thérmos griego pasó al árabe como turmus, el árabe de al-Ándalus lo dijo turmús, y el castellano le soldó delante el artículo. La primera vez que se escribe en castellano es en El Conde Lucanor, el libro de don Juan Manuel. Y lo que viajó no fue solo la palabra: el altramuz se come en salmuera desde la Antigüedad y así se sigue comiendo hoy en los bares del sur.
Un plato de altramuces de tapa tiene el itinerario entero del Mediterráneo en el nombre: griego, luego árabe, luego español. Y a diferencia de otros arabismos de ida y vuelta, en este Corominas no escribe ni un «quizá».
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALTRAMUZ, del hispanoár. turmús (ár. túrmus) y éste del gr. thérmos íd. 1.ª doc.: altarmuz, 1323-35, Conde Luc.; atramuz en otras obras de D. Juan Manuel (DHist.); altramuz, 1513, Herrera.»
Primera documentación1272-84, General Estoria (arrahan / arrayhán); h. 1300, Gran Conquista de Ultramar
En árabe, rayḥān no nombraba una planta concreta sino una categoría entera: cualquier planta olorosa. Corominas señala que el estrechamiento a «mirto» «era propia del árabe de España», es decir, que ese cambio de significado ocurrió aquí y no en Oriente. Y es palabra del Corán: aparece en 55:12 y en 56:89. Es de los pocos casos en los que un hispanohablante puede señalar un arbusto de jardín y estar señalando, sin traducción de por medio, una palabra coránica.
Los arrayanes de un jardín andaluz llevan un nombre que está en el Corán: rayḥān, 55:12 y 56:89. La palabra cruzó sin cambiar de forma; lo único que cambió fue su alcance, de «cualquier planta olorosa» a «mirto» — y ese estrechamiento, dice Corominas, ocurrió en España.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ARRAYÁN, 'mirto', del ár. rayḥān 'cualquier planta olorosa'. 1.ª doc.: 1272-84, Gral. Estoria (arrahan o arrayhán, mss.); h. 1300, Gr. Conq. de Ultr. (arrayahan); J. Manuel (arraihan).» Corominas precisa: «la aplicación especial de rayḥān al mirto era propia del árabe de España».
Del árabeرُبْعrubʿ (hisp.-ár. rúbaʿ), de ʾárbaʿ «cuatro»
Significado originalLa cuarta parte (pesa equivalente a un cuarto de quintal)
Primera documentaciónarrobo, 1088 y 1102; arroa, 1194; arroba, 1219 (es decir, anterior al Cantar de mio Cid conservado)
Es uno de los arabismos más antiguos que se documentan en castellano: aparece en 1088, antes que casi ninguna otra palabra de esta lista. Entró porque el comercio no se detenía en la frontera: cristianos y andalusíes pesaban con las mismas pesas, y el nombre viajó pegado al hierro de la balanza. Novecientos años después seguimos diciéndola a diario aunque ya no pesemos nada con ella, porque es el nombre español del signo @ —en inglés ese signo se lee at; en español conserva el nombre de una pesa de al-Ándalus—. Y rubʿ no es una palabra técnica cualquiera: es la que el Corán emplea para fijar la cuarta parte de la herencia, fa-lakumu r-rubuʿu mimmā tarakna (4:12).
Cada vez que dictas tu correo electrónico en voz alta pronuncias una pesa andalusí: «un cuarto». Es probablemente la palabra árabe que más veces dices al año sin saberlo.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. A–CA, s.v. ARROBA: «ARROBA, 'peso equivalente a la 4.ª parte de un quintal', de rúbaʿ, pronunciación hispanoárabe del ár. rubʿ 'cuarta parte' (derivado de ʾárbaʿ 'cuatro'). 1.ª doc.: arrobo, 1088, 1102; arroa, 1194; arroba, 1219».
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Del árabeدَار الصِّنَاعَةdār aṣ-ṣināʿa (hisp.-ár. dār aṣ-ṣánaʿ)
Significado originalCasa de la fabricación; el astillero donde se construyen las naves
Primera documentaciónatarazana: daraçana / adaraçana, Sevilla, 1277 · dársena: dárcena, 1606 · arsenal: 1610, Pedro Texeira
Una sola expresión árabe, dār aṣ-ṣināʿa, «la casa de la fabricación», entró en español por tres puertas distintas y hoy son tres palabras que nadie relaciona. Directamente desde el andalusí dio atarazana, documentada en Sevilla en 1277, el astillero donde se construían las naves. Por el italiano volvió como dársena, la zona resguardada del puerto —y por eso hoy se anuncian las dársenas de una estación de autobuses—. Y por el veneciano arzaná llegó arsenal, tardísimo: la primera documentación castellana es de 1610 y para Cervantes seguía siendo un neologismo, hasta el punto de que en El licenciado Vidriera explica qué significa justo después de usarlo. Antes de eso, en español simplemente se decía astillero.
Arsenal, atarazana y dársena son la misma frase árabe entrando por tres puertas con tres siglos de diferencia; y a Cervantes «arsenal» todavía le sonaba tan extranjero que tuvo que explicarlo a sus lectores.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. A–CA, s.v. ARSENAL: «ARSENAL […] del it. arsenale íd., [del] venec. ant. arzaná, y éste del ár. dār ṣināʿa 'casa de construcción'. 1.ª doc.: 1610, Pedro Texeira. […] para Cervantes era todavía neologismo, pues explica qué es a seguido de emplearlo; anteriormente sólo se había usado astillero. Comp. ATARAZANA, DÁRSENA». Y s.v. ATARAZANA: «ATARAZANA, 'arsenal de navíos' […], del hispanoár. dār aṣṣánaʿ (ár. dār aṣ-ṣināʿa) 'casa de la fabricación, atarazana'. 1.ª doc.: daraçana o adaraçana, Sevilla 1277». Y en el vol. C–F, s.v. DÁRSENA: «del it. dàrsena […], y éste del ár. dār ṣināʿa».
Significado original«Caja»; y de ahí «arca», «ataúd», «tumba».
Primera documentaciónprinc. s. XIII, Crónica Villarense (y ataud en un documento latino de Cataluña de 1082)
tābūt no significa nada solemne: significa «la caja». Es de los arabismos más viejos y más extendidos que tenemos — aparece en un documento latino de Cataluña de 1082, en las Cantigas de Alfonso X, en portugués desde 1257, y sigue vivo en el catalán taüt y en el siciliano tabbutu. Los judíos españoles conservan hoy la forma desnuda, tabut, sin la a- que el castellano le pegó delante. Que la palabra con la que se despide a un muerto en español sea árabe, y que lo sea desde antes de que existiera el castellano escrito, dice hasta qué punto aquella convivencia llegó al hueso: no se toma prestada la palabra del último mueble de una vida por moda ni por comercio.
El tābūt del que sale «ataúd» es la palabra que el Corán usa dos veces: el arca de los hijos de Israel (2:248) y la caja en la que la madre de Mūsā lo echa al río (20:39). La caja de la muerte y la caja de la salvación son exactamente la misma palabra.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
ATAÚD, del ár. tābût 'caja', 'ataúd', 'tumba'. — «Del mismo origen port. ataúde [1257 y Cantigas], cat. taüt, sic. tabbutu. [...] hoy tabut es la forma de los judíos españoles.»
Significado original«Apogeo de un astro; punto de su órbita más alejado de la Tierra».
Primera documentación1256-76, Libros del Saber de Astronomía (taller de Alfonso X)
Auge no empezó siendo una metáfora: era un tecnicismo de astronomía. Entró con los Libros del Saber de Astronomía que Alfonso X mandó traducir entre 1256 y 1276, y designaba el punto de la órbita en que un astro está más lejos de la Tierra. El sentido figurado que hoy usamos —'elevación en dignidad o fortuna'— no se documenta en castellano hasta el Diccionario de Autoridades, casi cinco siglos más tarde. Corominas observa que el vocablo está aislado dentro del propio árabe y sospecha que el árabe lo tomó a su vez de un tecnicismo grecolatino; deja esa cuestión en suspenso «en manos de los especializados en la historia del léxico arábigo», pero en ningún momento pone en duda que del árabe pasó al castellano.
«Estar en pleno auge» es, literalmente, estar en el punto más alto de la órbita. La frase salió de la mesa de traductores de Alfonso X y durante quinientos años solo se pudo decir de un planeta; nadie estaba en auge, únicamente los astros.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«AUGE, 'apogeo de un astro, punto de máximo alejamiento respecto de la tierra', del ár. ʾawǧ íd.» (DCECH, s.v. AUGE)
Del árabeسَفَطsafaṭ (hisp.-ár. sáfaṭ) → azafate → azafata
Significado originalCesta plana de hojas de palma; el mueble donde las mujeres guardaban sus perfumes y objetos
Primera documentaciónazafate, 1496; azafata, 1582 (Argote de Molina)
El azafate es una cesta plana de hojas de palma, y de ella tomó nombre el oficio: en la corte española se llamó azafata a la dama que sostenía el canastillo con la ropa mientras la reina se vestía. La definición la da el Diccionario de Autoridades y Corominas la cita literalmente. La palabra murió con aquella corte y resucitó en el siglo XX para nombrar a las auxiliares de vuelo; Corominas registra la resurrección en presente, «hoy se ha restaurado este arcaísmo», con las stewardesses de los aviones todavía escritas en inglés en su diccionario. El azafate, mientras tanto, fue desplazado en el español común por un portuguesismo que hoy suena mucho más nuestro: bandeja.
La azafata del avión se llama así por una cesta andalusí de hojas de palma: el objeto que llevaba en las manos le dio el nombre al oficio, y el oficio sobrevivió al objeto.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. A–CA, s.v. AZAFATE: «AZAFATE, 'canastillo llano y con borde de poca altura, bandeja', del ár. safaṭ 'cesta de hojas de palma', 'enser donde las mujeres ponen sus perfumes y otros objetos'. 1.ª doc.: azafate 1496 […]; 1582, López de Velasco». Y en los derivados: «Azafata [1582: Argote de Molina], como explica Aut. “llámase azafata por el azafate que tiene en las manos mientras se viste la reina”; hoy se ha restaurado este arcaísmo para designar a las stewardesses de los aviones».
Significado original«flor en general», «flor de azahar»
Primera documentaciónPrincipios del s. XV, Cancionero de Baena
Con esta palabra se puede enseñar el mecanismo entero del PDF. Corominas no se limita a dar el étimo: entrega la raíz, z-h-r, con sus tres sentidos —«lucir», «ser hermoso», «florecer»—, de modo que el lector puede leer zahr por sí mismo como lo que es, lo que luce y se abre. Con la raíz en la mano se entiende por qué en árabe la misma familia de palabras sirve para una flor y para un brillo. Corominas llega incluso a corregir a Dozy, que había derivado el castellano del plural azhār: advierte que ese plural «sin duda hubiera dado *azar».
El azahar del naranjo y la idea de brillar comparten raíz: z-h-r, «lucir, ser hermoso, florecer». Es uno de los pocos casos en que el propio Corominas te entrega la raíz árabe ya desglosada, sin que haya que ir a buscarla a otro sitio.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«AZAHAR, del hispanoárabe zahar (ár. zahr 'flor en general', 'flor de azahar', de la raíz z-h-r 'lucir', 'ser hermoso', 'florecer'). 1.ª doc.: princ. S. XV, Canc. de Baena.» Corominas corrige además a Dozy, que había partido del plural azhár, «que sin duda hubiera dado *azar en castellano».
Significado original«bellota», el fruto de la encina y el roble
Primera documentaciónDocumentos toledanos de 1212 y 1215; en castellano normal desde 1348 (Cortes de León y Castilla)
El castellano ya tenía una palabra para esto y era latina: lande, de GLANDEM, la que usan Berceo y el Libro de Alexandre. Corominas anota que antes del siglo XIV, al menos en Castilla la Vieja, debió de emplearse esa forma, y que Nebrija todavía la registra al lado de bellota. Es decir: el árabe no vino aquí a llenar un hueco, sino a desalojar a una palabra que llevaba siglos en la boca de la gente. Eso solo ocurre cuando la lengua que presta tiene presencia diaria y prestigio: nadie cambia por moda el nombre de algo tan cotidiano como una bellota.
El jamón ibérico de bellota, lo más español que existe, lleva una palabra árabe en el nombre. Y esa palabra árabe le ganó el sitio a una latina: hasta el siglo XIV, en Castilla, una bellota era una «lande».
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«BELLOTA, del ár. ballúṭa íd. (pronunciación hispanoárabe bellúta). 1.ª doc.: docs. toledanos de 1212 y 1215 (Oelschläger); en castellano normal desde 1348, por lo menos (Cortes de León y Castilla de esta fecha).» Y a continuación, en la misma entrada: «Antes del S. XIV, al menos en Castilla la Vieja, debió emplearse la palabra latina lande, procedente de GLANDEM (así Berceo, Alex., y todavía registra Nebr. lande junto a bellota, s. v. bellota).»
Significado originalnombre que se aplicaba al café y al vino
Primera documentaciónDiccionario de Autoridades (1726-39), «como voz reciente»; antes, aisladamente, el viajero Teixeira escribe kaoah en 1610
Este arabismo no entró por al-Ándalus, y merece la pena decirlo porque rompe el molde de todos los demás. Corominas es explícito: el café llegó a España «desde Turquía, pasando por Venecia y Francia». Llegó tarde —el Diccionario de Autoridades todavía lo recoge como voz reciente— y llegó por el norte, no por el sur. El detalle que se queda con uno es semántico: en árabe, qahwa nombraba a la vez el café y el vino, de modo que cuando apareció la bebida nueva se le dio el nombre de la vieja.
En árabe, qahwa nombraba el vino antes que el café: el nombre se mudó de bebida. Y este arabismo no vino por al-Ándalus sino por Venecia y París — no todas las palabras árabes del español hicieron el mismo viaje.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«CAFÉ, tomado, por conducto del italiano y del francés, del turco kahvé 'café', que viene a su vez del ár. qáhwa, nombre que se aplicaba al café y al vino. 1.ª doc.: Aut. (como voz reciente).» Corominas añade: «El conocimiento del café llegó a España desde Turquía, pasando por Venecia y Francia [aquí, 1670; en italiano, 1655]. Esporádicamente el viajero español Teixeira en 1610 habla ya del kaoah, tomando la forma directamente del árabe».
Del árabeسِكَّةsikka (hisp.-ár. sekka), de dār as-sikka «casa de la moneda»
Significado originalEl cuño con que se marca la moneda; por extensión, la casa de la moneda
Primera documentación1511 (texto castellano escrito en Sicilia); 1528, Francisco Delicado. La frase «de la Ceca a la Meca», ya en Tirso de Molina, principios del s. XVII.
La sikka es el cuño: el punzón que golpea el metal y le deja grabada la marca del soberano; la misma palabra designaba antes la reja del arado, porque las dos cosas graban. La casa donde se acuñaba se llamaba dār as-sikka, y el español se quedó con la segunda mitad. La palabra se documenta tarde, pero se instaló en una frase que seguimos diciendo sin pensar: ir de la Ceca a la Meca. Corominas aclara que esa Ceca es esta misma —la casa de la moneda—, elegida por su consonancia con Meca, y rechaza expresamente la etimología bereber que proponía la Academia. Del mismo origen salieron el cequí castellano y el zecchino veneciano, la moneda de oro que financió el Mediterráneo.
Quien dice «voy de la Ceca a la Meca» está nombrando dos instituciones del mundo islámico: la casa de la moneda y la ciudad del ḥaŷŷ. Y no es leyenda: lo dice Corominas y de paso tumba la etimología de la Academia.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. C–F, s.v. CECA: «CECA, del hispanoárabe sekka, abreviación de dār as-sekka 'casa de la moneda', del ár. sikka 'reja de arado', 'punzón para marcar la moneda', 'moneda' (derivado de sakk 'cavar'). 1.ª doc.: cast. de 1511, escrito en Sicilia […]; 1528, Francisco Delicado». Y sobre la frase: «En la frase De Ceca en Meca o de la Ceca a la Meca (ya en Tirso de Molina y otros autores de princ. S. XVII), se trata de la misma palabra, elegida por su consonancia con la Meca, lugar célebre por su lejanía, y perteneciente al mundo árabe como ceca (inaceptable la etimología bereb. azzeqqa 'casa, pueblo', propuesta por la […] Acad.)».
Significado original«Casaca de cautivo»: el jubón corto que llevaban los turcos de Argel bajo el caftán.
Primera documentaciónjaleco, 1605 (Haedo); gileco, 1605 (Quijote); chaleco, Terreros
Este no viene de al-Ándalus: viene de Argel. Entró por la lingua franca de los puertos berberiscos en el siglo XVI, junto a ferreruelo y chamerluco, y nombraba la casaca del cautivo cristiano. Cervantes lo escribe gileco en el Quijote, y sabía de qué hablaba: había pasado cinco años cautivo en Argel. Después la palabra viajó a Francia, se convirtió en gilet (1736), la prenda se puso de moda allí en la segunda mitad del XVIII y volvió a España conservando el nombre viejo. El origen último es turco (yelek); el árabe fue el transportista, y el transportista importa: sin Argel no habría chaleco.
El chaleco que te pones para una boda se llamó primero así por la chaqueta de los cautivos de Argel. Y el primero que lo escribe en español es Cervantes, que había sido uno de ellos.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
CHALECO, del turco yelék íd., por conducto del árabe argelino ǧalîka 'casaca de cautivo'. — «chaleco es uno de los varios nombres de trajes trasmitidos al español y al italiano por la lingua franca de los puertos africanos, como FERRERUELO y CHAMERLUCO».
Significado original«La piedra filosofal»: los polvos con que los alquimistas pretendían fabricar oro.
Primera documentaciónEnrique de Villena († 1433), Libro del Tesoro
El árabe al-iksīr no era un jarabe: era la piedra filosofal, el polvo con el que los alquimistas decían transmutar los metales en oro. Llegó a Europa dentro de las traducciones latinas de Rāzī que hizo Gerardo de Cremona († 1187) — el taller de Toledo donde Europa aprendió su química — y de ahí bajó a las lenguas vulgares. Y aquí está el detalle que casi nadie ve nunca: el el- de elixir no es un artículo español mal pegado, es el artículo árabe الـ soldado a la palabra, exactamente igual que el al- de almohada o de alfombra, solo que disfrazado. Corominas lo dice sin rodeos: «Claro está que el- es el artículo árabe».
«Elixir» lleva el artículo árabe pegado delante, igual que almohada — pero como suena «el», nadie lo ve. Y no nació como remedio milagroso: nació como la receta para fabricar oro.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
ELIXIR, 'la sustancia específica y esencial de cada cuerpo, según los alquimistas', 'licor que constituye un remedio maravilloso', tomado, por conducto del b. lat. elixir, del ár. ʾiksîr 'piedra filosofal, polvos empleados para hacer oro, según los alquimistas'. — «Claro está que el- es el artículo árabe.»
Significado original«Vano, inútil, sin fundamento»; participio activo del verbo baṭal, «ser inútil».
Primera documentaciónh. 1200. Estar de balde ya en Berceo, Vida de Santo Domingo, 164; estar en balde en la Vida de Santa María Egipcíaca, v. 1398.
En la Edad Media las dos locuciones significaban lo mismo: «en vano» o «sin causa». El reparto que hoy nos parece natural —de balde 'gratis', en balde 'en vano'— es una especialización que la lengua literaria castellana fija a partir del siglo XIII y que ni el portugués ni el gallego aceptaron nunca: en gallego todavía se dice «é de balde decir que...» con el sentido de 'es inútil'. Corominas anota que la locución árabe fī l-bāṭil, «en vano», ya existía en el árabe de España, con la misma preposición que la española. Y explica la -ld- castellana por la evolución de la ṭ árabe, la misma que se ve en alcalde o albayalde.
Bāṭil es una de las grandes palabras del Corán: lo falso, lo hueco, lo que se desvanece, el contrario exacto de al-ḥaqq, la verdad. En 17:81: وَزَهَقَ الْبَاطِلُ, «y se disipó la falsedad». Quien dice «todo fue en balde» está diciendo, palabra por palabra, «todo fue bāṭil».
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«BALDE I, de ~ 'gratis', en ~ 'en vano': del ár. bâṭil 'vano, inútil', participio activo del verbo báṭal 'ser inútil' (comp. BALDAR).» (DCECH, s.v. BALDE I)
Significado original«guiso de carne con vinagre y otros ingredientes»
Primera documentaciónFernando del Pulgar, Letras; 1525, Robert de Nola; 1575, Ambrosio de Morales. En catalán, ya en un Llibre de Cuina del s. XIV
El sikbāǧ no era comida de pobres: era un guiso de carne cocida en vinagre, y el vinagre estaba ahí porque conserva. Al pasar al castellano el plato cambió de protagonista —de la carne al pescado— pero mantuvo intacta su función: escabechar sigue siendo, hoy, guardar comida sin frío. Corominas lo documenta antes en catalán que en castellano, ya en un Llibre de Cuina del siglo XIV, lo que dibuja la ruta por el Mediterráneo peninsular. Es una de esas palabras que demuestran que lo que se presta no es solo un sonido: es una técnica entera.
Los mejillones en escabeche de una lata de supermercado llevan el nombre de un guiso medieval de carne con vinagre. El pescado llegó después; el vinagre lleva mil años haciendo exactamente el mismo trabajo: sustituir a la nevera.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ESCABECHE, 'adobo con vinagre y otros ingredientes para conservar los pescados', del árabe, procedente de una forma vulgar *iskebēǧ, en lugar del antiguo sikbāǧ 'guiso de carne con vinagre y otros ingredientes'. 1.ª doc.: F. del Pulgar, Letras, Cl. Cast. 79.6; 1525, Rob. de Nola; 1575, Ambrosio de Morales.» Corominas documenta el vocablo antes en catalán: «ya en un Llibre de Cuina del S. XIV».
Primera documentaciónJuan Ruiz, Libro de Buen Amor; después APal. 104b y Nebrija
La espinaca no es mediterránea: es persa. Corominas sigue el rastro hasta el persa ispānāḫ, y el árabe fue el vehículo que la trajo hasta aquí — la planta y el nombre a la vez, en el mismo viaje. Lo más instructivo, sin embargo, es lo que esta palabra no lleva: no tiene al- delante, y por eso nadie sospecha de ella. En el PDF ya has visto que el artículo soldado delata a almohada o a almacén; espinaca enseña la otra mitad de la regla.
No lleva «al-», así que nadie la mira con recelo, y sin embargo llegó desde Persia hasta tu plato con el árabe de intermediario. El truco del al- sirve para encontrar arabismos, pero no para descartarlos.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ESPINACA, del hispanoárabe *ispināḫ íd. (también izpināǧ, ár. orient. isfanāḫ, isbānāḫ, ár. afr. sfanāǧ), procedente del persa ispānāḫ. 1.ª doc.: J. Ruiz; APal. 104b; Nebr.; etc.»
Significado original«Joven de clase modesta que afecta elegancia, vive sin trabajar y toma fácilmente las armas».
Primera documentación2.ª mitad del s. XV, Comendador Román; Andrés Bernáldez († 1513), Crónica de los Reyes Católicos
Gandul no significaba vago: significaba guerrero joven. Corominas apunta que la palabra parece haberse popularizado con la toma de Granada o con las revueltas de los moriscos granadinos —Mármol la aplica a los rebeldes— y que desde España cruzó el Atlántico, donde desde 1530 se llamó gandules a los guerreros indios fuertes y jóvenes. Falta en todos los lexicógrafos del Siglo de Oro y en el Diccionario de Autoridades; la Academia no la recoge hasta 1869, y ya con el sentido moderno de 'tunante, vagabundo, holgazán'. Dozy describe al ġandūr como un presumido valiente y generoso que, sobre todo, detesta trabajar: en esa última nota estaba ya la semilla de lo que la palabra iba a acabar significando.
Llamar «gandul» a un adolescente que no se levanta del sofá es llamarlo, en su primer sentido documentado, guerrero moro de Granada. La palabra tardó cuatro siglos en pasar de la crónica militar al reproche doméstico, y por el camino perdió las armas y se quedó con la pereza.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«GANDUL, antiguamente 'moro o indio joven y belicoso', hoy 'vagabundo, holgazán', del ár. ġandûr 'joven de clase modesta, que afecta elegancia, procura agradar a las mujeres y vive sin trabajar, tomando fácilmente las armas'.» (DCECH, s.v. GANDUL)
Significado original«Alisar, aplanar, pulir»; en tercera forma (ẖālaq), «tratar con bondad».
Primera documentaciónfalagar, Berceo, Milagros de Nuestra Señora, 134c: «la Madre gloriosa vino lo convidar: / fablóli muy sabroso, queriélo falagar»
Halagar es alisar. La imagen árabe es física —pulir una superficie, dejarla lisa— y de ahí pasa a 'tratar con bondad' y finalmente a 'adular'. Corominas es tajante sobre el étimo: «no debe ponerse en duda la etimología», y deja constancia de que los tres grandes arabistas del XIX (Engelmann, Dozy, Eguílaz) no se atrevieron ni a sospechar el origen árabe; la propuso Baist, la aclaró Spitzer y la aceptó Meyer-Lübke. La forma primitiva fue afalagar, viva todavía en catalán y en asturiano, y que en portugués dio afagar. El primer testimonio castellano es una escena de ternura: la Virgen se acerca a un pobre en los Milagros de Berceo «queriélo falagar».
El propio Corominas señala que el sentido fundamental de esa raíz árabe es 'crear' —la de ẖalaqa, «crear», y de al-H̱āliq, el Creador— y que de ahí sale 'alisar, pulir'. Halagar a alguien es, en la imagen original, pasarle la mano por encima hasta dejarlo liso.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«HALAGAR, junto con el port. afagar y el cat. afalagar íd., procede del ár. ẖálaq 'alisar, aplastar, pulir', 'tratar bondadosamente'; aunque no debe ponerse en duda la etimología, algunos pormenores permanecen oscuros, por nuestro conocimiento incompleto del árabe vulgar de España.» (DCECH, s.v. HALAGAR)
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Significado original«He aquí, mira»: partícula para señalar algo o a alguien presente.
Primera documentaciónfe y afé en el Cantar de mio Cid; he a fines del s. XII, en el Auto de los Reyes Magos: «Rei, ¿qué te plaze? He nos venidos»
Durante un siglo los romanistas propusieron para este «he» cuatro étimos latinos distintos: VIDE, AD FIDEM, HABE/HABETE y el latín EN. Menéndez Pidal los descartó todos y demostró el origen árabe con un argumento fonético que Corominas recoge y da por bueno: el vocablo aparece con h- en textos que conservan siempre la F- latina, y las variantes con f- prueban que esa h era aspirada, cosa imposible si viniera de HABERE. Es la partícula demostrativa árabe hā, la misma que va dentro de hāḏā, «este de aquí», y entró tan pronto que ya está en el Cid y en el Auto de los Reyes Magos, el texto teatral más antiguo del castellano. Corominas registra además que en el Renacimiento los hablantes ya habían olvidado el origen y creyeron que era un imperativo español: de ahí el plural heis que usan Timoneda y Lope.
«He aquí» —la fórmula con la que las biblias castellanas traducen el ecce latino— empieza por una partícula árabe. Juan de Valdés se quejaba en 1535 de que la forma corta ahé se estuviera perdiendo: «ahé, que quiere dezir ecce, ya no se usa, no sé por qué lo avemos dexado». Y esa misma partícula abre el versículo 3:119 del Corán: هَٰأَنتُمْ أُولَاءِ (hā-antum ulāʾi), «he aquí que vosotros».
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«HE, adverbio que unido con aquí (y a veces con allí o ahí) sirve para mostrar una persona o cosa, tomado del ár. hâ (pron. vulgar hê), que tiene el mismo valor.» (DCECH, s.v. HE)
Del árabeجَبَلِيّ (de خِنْزِير جَبَلِيّ)ǧabalī (de ḫinzīr ǧabalī)
Significado original«montés, de montaña» — abreviación de «cerdo montés»
Primera documentaciónjavalí, Juan Ruiz, Libro de Buen Amor, 1088a — fecha asegurada por la rima
En árabe el animal se nombraba con dos palabras: ḫinzīr ǧabalī, «cerdo de monte». El castellano se quedó con el adjetivo y tiró el sustantivo, de manera que en español el animal no se llama «cerdo» de nada: se llama, sin más, «el de la montaña». Corominas asegura la fecha por la rima del Libro de Buen Amor —mí, Alí, walí—, que no deja margen a la duda. Y la raíz que queda dentro, ǧabal «montaña», es palabra corriente del Corán: aparece dos veces en 7:143, cuando Mūsā pide ver a su Señor y la respuesta es que mire al monte.
Cuando dices «jabalí» estás diciendo en árabe «montés»: el cerdo se perdió por el camino. Cazadores de toda España llevan ocho siglos llamando a ese animal por un adjetivo huérfano.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«JABALÍ, del ár. ǧabalī íd., abreviación de ḫinzīr ǧabalí (ḫinzīr 'cerdo', ǧabalí 'montés', derivado de ǧábal 'montaña'). 1.ª doc.: javalí, J. Ruiz, 1088a.» Corominas añade: «Asegurado en este pasaje por la rima (mí, Alí, walí)».
Significado original«Mitad, lado de la cabeza»; de šaqq, «hender, partir en dos».
Primera documentaciónaxaqueca, 1438 (Corbacho); xaqueca, h. 1500 (Juan del Encina)
šaqīqa viene de šaqq, «hender, partir en dos»: la jaqueca es, literalmente, el dolor que te parte la cabeza por la mitad. Entró por la puerta de la medicina — el Lapidario de Alfonso X ya explica en 1272 que «la dolor que se faze en la media cabeça» se llama en árabe xaqueca — y de ahí bajó al habla común muy deprisa, con formas como axaqueca y alxaqueca en los siglos XV y XVI. Y aquí está lo que casi nadie sabe: migraña viene del griego hemikranía, que significa exactamente lo mismo, «media cabeza». Dos tradiciones médicas, la griega y la árabe, describieron el mismo dolor con la misma imagen sin copiarse la una de la otra, y el español se quedó con las dos.
Jaqueca y migraña son la misma frase dicha en dos idiomas: «media cabeza». Una la trajo el griego y otra el árabe, y las dos siguen en tu botiquín, una al lado de la otra, sin saber que son gemelas.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
JAQUECA, 'dolor de cabeza que, por lo común, ataca sólo una parte de la cabeza', del ár. šaqîqa 'mitad', 'lado de la cabeza', 'jaqueca', derivado de šaqq 'hender, dividir'. — «Voz frecuente y de uso popular.» «El parecido con el grecolatino cachexia 'malestar general' [...] no es más que casual.»
Significado original«Escudillita»: diminutivo de ǧafna, «escudilla grande, fuente honda».
Primera documentaciónaljufaina, 1615-17 (G. de Céspedes y Meneses); jofaina, 1680 (Pragmática de Tasas)
Jofaina no es una palabra entera: es un diminutivo árabe fosilizado, «la escudillita». El original, ǧafna, también cruzó y dio aljáfana y aljébana, que en Murcia todavía se oye. La jofaina era la palangana en la que uno se lavaba la cara y las manos cuando en las casas no había cuartos de baño, y por eso el vocablo se rompió en variantes según la comarca — aljofaina, jufaina, cofaina —, prueba de que era objeto de uso diario y no de libro. Corominas anota que las formas con c- se explican por contagio de otro arabismo, qúffa, «espuerta», el que nos dio alcofa. Quevedo escribe aljufaina.
Una jofaina es literalmente «una escudillita»: el árabe hace su diminutivo metiendo una -y- dentro de la palabra, ǧafna → ǧufayna, igual que nosotros pegamos un -ita por detrás. Llevas el sufijo árabe puesto sin saberlo.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
JOFAINA, del ár. ǧufáyna, diminutivo de ǧáfana o ǧáfna 'escudilla grande, fuente honda'. — «En árabe ǧufáyna no es más que el diminutivo del vocablo corriente, que era ǧáfna o ǧáfana, clásico aquél y vulgar este último.»
Significado original«Corcova, giba»; de la raíz ḥ-d-b, «abultarse, encorvarse».
Primera documentaciónadruba, h. 1400 (Glos. del Escorial); hadruba, 1475 (G. de Segovia); joroba, Autoridades
Cinco siglos de metamorfosis dentro de la propia boca castellana: hadruba, luego horoba con hache aspirada, y por fin joroba. Corominas descarta expresamente el latín *GIBBORATUS y deja el árabe. Lo asombroso es la fecha: joroba no era palabra corriente todavía en el Siglo de Oro, y su prueba es de las que no se olvidan — a Juan Ruiz de Alarcón, dramaturgo jorobado, sus enemigos lo insultaron con quince sinónimos distintos y ninguno usó «joroba», señal de que la palabra aún no había subido al castellano culto. Entró tarde y por abajo. Corominas sospecha que la conservaron los judíos españoles, que en Marruecos siguen diciendo horoba con la hache aspirada intacta, cinco siglos después de la expulsión.
«No me jorobes» es árabe puro. Y la raíz ḥ-d-b está en el Corán con el sentido de loma: مِن كُلِّ حَدَبٍ يَنسِلُونَ, «de cada altura se precipitan» (21:96). Además la palabra tiene coartada: en 1620 aún no existía en el castellano de los escritores.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
JOROBA, la pronunciación antigua fué horoba con h aspirada, más antiguamente se halla hadruba, todo lo cual se tomó del hispanoárabe ḥadúbba o ḥudūba, variantes del ár. cl. ḥádaba íd., aunque queda algún detalle fonético por aclarar. — Y más abajo: «se trata, en efecto, de una palabra arábiga»; «queda descartada la otra etimología que tomé en consideración: lat. vg. *GIBBORATUS».
Primera documentaciónBerceo, Vida de San Millán, 206b: los diablos recordaban que San Millán «los oviera marras en Cogolla vencidos»
Es un adverbio árabe puro: sin artículo, sin disfraz y sin traducir, entrado tan pronto que ya lo usa Berceo hacia 1230. En el Poema de Yúçuf conserva todavía el valor árabe exacto —'una vez', sin referirse a ningún hecho concreto del pasado— y solo después se especializa en 'aquella vez, la vez de la que hablamos'. Corominas advierte que en el Siglo de Oro pertenecía al estilo vulgar: Pedro Espinosa, en 1625, catalogó «el día de marras» entre las expresiones vulgares y malsonantes, y el Quijote la usa con ese mismo registro. Ochocientos años después sigue viva y sigue sonando exactamente igual de coloquial: «el asunto de marras».
Decir «el tipo de marras» es decir en árabe «el tipo de una vez». Es la misma palabra que el Corán emplea en 9:80 para «setenta veces»: سَبْعِينَ مَرَّةً (sabʿīna marratan). Un adverbio andalusí que lleva ocho siglos circulando sin que nadie lo haya traducido nunca.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«MARRAS, adv., 'en otro tiempo, en otra ocasión', del ár. márra 'una vez'.» (DCECH, s.v. MARRAS)
Significado original«Carente de bienes, pobre, indigente».
Primera documentaciónh. 950, Glosas Emilianenses: «qui... pauperibus reddet: qui dat a los misquinos»
Es uno de los arabismos más antiguos que se pueden fechar en castellano: aparece hacia el año 950 en las Glosas Emilianenses, aquel margen donde un monje anotó en romance un texto latino, y ahí todavía significa exactamente 'pobre'. En el siglo XIII sigue siendo 'mendigo' en Elena y María, y pronto se desliza hacia 'desdichado, miserable': «mezquino, mal fadado, ¡ta mal ora fuest nado!», en la Disputa del Alma y el Cuerpo. El sentido moderno —'escaso, avariento'— no se documenta hasta mediados del XVI, en el Lazarillo. Corominas anota que la deriva ya se insinuaba en el árabe hispánico y que la palabra viajó desde aquí al catalán, al occitano, al francés mesquin y al italiano meschino.
Una de las primerísimas palabras escritas en romance castellano es árabe. Y su historia es incómoda: el idioma tomó la palabra coránica para el desamparado —مِسْكِينًا, en 90:16, «el pobre hundido en la miseria»— y en seis siglos la convirtió en un insulto para el tacaño.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«MEZQUINO, del ár. miskîn 'carente de bienes, pobre, indigente' (de la raíz sákan 'apaciguarse', 'humillarse', 'ser pobre').» (DCECH, s.v. MEZQUINO)
Significado originalLa sustancia bituminosa con que se embalsamaba; de mūm, «cera» en persa.
Primera documentación1386, Pero López de Ayala, Libro de la Caza de las Aves
mūm es «cera» en persa; el árabe mūmiyāʾ nombró primero el betún con que se embalsamaba, y solo después el cuerpo embalsamado. Por eso, cuando la palabra aparece en castellano en 1386, no significa lo que crees: es un medicamento. López de Ayala la usa en un tratado de cetrería, para curar aves de caza, y en portugués, ya en 1318, maminha es el líquido que segregan al sol los cuerpos momificados y que se daba a los animales enfermos. Europa entera se pasó siglos comprando momia en la botica y tomándosela. El sentido moderno, el del museo, todavía falta en el Diccionario de Autoridades del siglo XVIII: llegó el último.
Durante quinientos años, «momia» no fue algo que se mira en una vitrina: fue algo que se compraba en la farmacia y se tomaba. Y la palabra significa, en el fondo del todo, «cera».
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
MOMIA, del ár. mūmîya o mûmiyā íd., derivado de mûm 'cera', palabra de origen persa; no está bien averiguado por qué conducto llegó al castellano. — «En árabe, además de cera designó una sustancia bituminosa que empleaban los antiguos para embalsamar.»
Significado original«Lo opuesto, lo que está justo enfrente».
Primera documentaciónnadir: 1515, Fernández de Villegas; 1611, Covarrubias. cenit: 1256-76, Libros del Saber de Astronomía.
Nadir y cenit son una pareja árabe indivisible: samt ar-raʾs, «el paraje de la cabeza», y naẓīr, «lo opuesto». Lo asombroso es cómo llegó cenit hasta nosotros. Samt se transcribía zemt en caracteres latinos, y en los manuscritos alfonsíes alguien leyó aquella m como ni; Corominas lo dice sin rodeos: «la corrupción alfonsí zenit se propagó desde el castellano a todos los idiomas modernos». Nadir, en cambio, llegó intacto, y hoy se usa sobre todo en sentido figurado, para el punto más bajo de una trayectoria. Corominas añade una coda de maestro: la pronunciación llana nádir, cénit «está desmentida ya por los versos de Pantaleón de Ribera».
Cenit es una errata del siglo XIII que copió el mundo entero: el inglés zenith, el francés zénith, el alemán Zenit. Todos los idiomas de Europa arrastran el despiste de un escribano toledano; su gemelo nadir, que nadie transcribió mal, sigue diciéndose como en árabe.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«CENIT, abreviación del ár. samt ar-raʾs 'el paraje de la cabeza'; parece tratarse de una antigua mala lectura zenit en vez de zemt (= samt) en los manuscritos de Alfonso el Sabio.» Y dentro de la misma entrada: «El punto opuesto al cenit es el nadir [1515, Fz. de Villegas; 1611, Covarr.], del ár. naẓîr 'opuesto'.» (DCECH, s.v. CENIT)
Significado original«Médula espinal» — no el cogote.
Primera documentación«nuca de la cabeça: cerebellum», Nebrija (h. 1495); el sentido moderno, en Percivale (1591)
Esta no llegó por al-Ándalus: la trajeron los médicos italianos que traducían medicina árabe al latín. En árabe nuḫāʿ es la médula espinal, y eso mismo significó nucha en el latín de los anatomistas hasta el siglo XVIII. Pero en esos mismos tratados circulaba otro arabismo parecido, nuqra, «hoyo, cogote». Los médicos los distinguían perfectamente; el resto de la gente, no. Cuando las lenguas vulgares se apoderaron del vocabulario médico, los dos se fundieron en uno: «médula» se quedó con el significado técnico y a nuca le tocó el hueco de detrás del cuello. Corominas la llama todavía «vocablo de tono muy culto» que solo se popularizó gracias a curanderos y veterinarios aficionados a los terminachos.
Tienes una palabra árabe en el cuello por culpa de un malentendido de hace ocho siglos: nuca significaba «médula espinal» y acabó nombrando el hoyo del cogote porque se confundió con otra palabra árabe que sonaba parecido.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
NUCA, del b. lat. nucha 'médula espinal' y éste del ár. nuḫâʿ íd.; introdujeron el vocablo los médicos medievales italianos y su sentido se alteró probablemente por confusión con el ár. núqra 'hoyo', 'cogote', que también se empleó en la terminología médica europea.
Significado originalUnidad de peso de uso común y nombre de cierta moneda
Primera documentaciónalquilate (moneda), h. 1290, Primera Crónica General; «quilate de oro» en Nebrija. Además alquilat, derecho que se pagaba en Murcia por la venta de propiedades y frutos (doc. de h. 1300).
El árabe qīrāṭ venía a su vez del griego kerátion, «cuernecito», que es como se llamaba la vaina del algarrobo: la semilla de algarroba pesa de forma notablemente pareja y por eso sirvió de patrón para pesar oro y piedras finas en todo el Mediterráneo. En castellano entró primero como moneda y con el artículo puesto, alquilate, hacia 1290, y también como nombre de un impuesto murciano sobre las ventas. El nombre del árbol de aquellas semillas es, además, otro arabismo: algarroba, del ár. ḫarrūba (DCECH, s.v. ALGARROBA, 1.ª doc. 1269). De modo que la unidad con que hoy se mide la pureza del oro y el tamaño de un diamante es, literalmente, el peso de una semilla, y el nombre de la semilla también nos llegó en árabe.
«Oro de 24 quilates» es una cuenta hecha con semillas de algarrobo, y la joyería del siglo XXI sigue pesando con la unidad de un zoco medieval.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. MI–RI, s.v. QUILATE: «QUILATE, del ár. qīrāṭ, nombre de cierta unidad de peso de uso común, y de cierta moneda, tomado a su vez del gr. κεράτιον 'unidad de peso' (propiamente 'cuernecito', 'vaina de algarrobo'). 1.ª doc.: alquilate, como nombre de una moneda, h. 1290, 1.ª Crón. Gral.; “quilate de oro: gradus auri” Nebr.».
Significado originalPeso de cien libras (equivale a cuatro arrobas)
Primera documentaciónBerceo (principios del s. XIII); muy frecuente ya en todo el s. XIII
Es un viaje de ida y vuelta: el latín centenarium, «lo que tiene cien libras», pasó al árabe, se quedó siglos —ya está en los diccionarios árabes del siglo X— y volvió al romance hablando otra lengua, primero al castellano de Berceo y de ahí al catalán, al occitano, al francés y al italiano. Conviene subrayar el matiz, que Corominas marca con cuidado: el origen último es latino, pero quien nos trajo la palabra fue el árabe. En el Corán, qinṭār no es una pesa cualquiera, es la fortuna: al-qanāṭīr al-muqanṭara mina ḏ-ḏahabi wa-l-fiḍḍa, «los quintales amontonados de oro y plata» (3:14), y la dote enorme de 4:20. Y encaja con la arroba de esta misma lista, porque una arroba es, por definición, la cuarta parte de un quintal: las dos palabras no son dos préstamos sueltos, son un sistema de pesos entero heredado en bloque.
Es una palabra latina que volvió a casa hablando árabe: centenarium → qinṭār → quintal. Y en el Corán no pesa: significa una fortuna en oro.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. MI–RI, s.v. QUINTAL: «QUINTAL, del ár. qinṭār íd., que a su vez parece haberse tomado del lat. centenarium íd., propiamente 'que tiene cien (libras)'. 1.ª doc.: Berceo». Añade que «la voz arábiga, que según Freytag ya está en el Ŷawharī (S. X) y en el Qāmūs, parece haberse tomado (por conducto de otra lengua oriental) del lat. centenarium».
Primera documentación1256, documento de Sevilla; también en la forma atafona en el s. XIII
Corominas precisa un matiz que solo se ve desde dentro del árabe de al-Ándalus: aquí ṭāḥūna dejó de ser cualquier molino y pasó a designar el molino de sangre, el que mueve una caballería dando vueltas. La imagen era tan reconocible que la Danza de la Muerte la usa como amenaza contra un caballero: «aquí bos faré correr la athaona». Con el tiempo la palabra se desplazó del aparato al oficio y del oficio al local. Por eso hoy una tahona en España no es un molino: es la panadería.
La raíz árabe que hay dentro es ṭ-ḥ-n, «moler» — la misma de ṭaḥīn, «harina», y la misma del tahini que se pone en el hummus. La panadería del barrio y el bote de tahini son parientes. (La raíz y ṭaḥīn son árabe corriente, no dato de Corominas, que solo da ṭāḥūna.)
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«TAHONA, del ár. ṭāḥūna 'muela de molino, molino', que en el árabe de España se aplicó especialmente al movido con caballería. 1.ª doc.: 1256, doc. de Sevilla.» Corominas cita el verso de la Danza de la Muerte: «cavallero... aquí bos faré correr la athaona».
Del árabeطَرِيحَةṭarīḥa (hisp.-ár. ṭaríḥa) · raíz ṭ-r-ḥ
Significado originalLa cantidad de trabajo que se le impone a alguien; lo que se le echa encima
Primera documentaciónNebrija, fines del s. XV. Variante atarea (con el artículo árabe aún pegado) corriente en el s. XVI: Cristóbal de Castillejo.
Corominas la deriva del árabe vulgar ṭarīḥa, formada sobre el verbo ṭaraḥa, «lanzar, arrojar»: la tarea no es el esfuerzo, es la carga que a uno le echan encima para la jornada. Todavía en el siglo XVI se decía atarea, con el artículo árabe soldado, y Covarrubias la define como «la labor y destajo de un día». Del jornal andalusí pasó al campo americano y allí se volvió medida: en Cuba y en el oeste argentino una tarea llegó a ser una superficie, lo que un segador cortaba en un día. Es vocabulario de trabajo a destajo que sobrevivió a la conquista porque el trabajo no cambió; solo cambió quien lo mandaba. La raíz ṭ-r-ḥ es la del verbo que usan los hermanos de Yūsuf en el Corán: iṭraḥūhu arḍan, «arrojadlo a alguna tierra» (12:9).
Cuando un niño dice «tengo tareas», está diciendo en árabe «me han echado esto encima». La palabra no habla de esfuerzo: habla de peso lanzado.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. RJ–X, s.v. TAREA: «TAREA, del ár. vg. ṭaríḥa 'cantidad de trabajo que se impone a alguno', derivado del ár. ṭáraḥ 'lanzar, arrojar', 'imponer la adquisición de una mercancía a un precio determinado'. 1.ª doc.: Nebr. (“tarea de alguna obra; ostum”)».
Del árabeتَعْرِيفَةtaʿrīfa, del verbo ʿarrafa «informar, dar a conocer»
Significado originalNotificación, aviso; cuadro de precios que se hace saber al público
Primera documentación1680, Diccionario de Autoridades (en catalán, en cambio, ya en 1315)
Taʿrīfa es «notificación», del verbo ʿarrafa, «hacer saber»: la tarifa es literalmente el aviso público de lo que cuestan las cosas, no el precio en sí. Lo valioso de esta entrada es lo que Corominas descarta. La versión popular hace venir la palabra del pueblo gaditano de Tarifa, por los peajes que allí se cobraban; pero el nombre común no aparece en ninguna fuente medieval castellana —ni en los aranceles santanderinos del XIII, ni en los glosarios de hacia 1400, ni en Nebrija, ni en Covarrubias— y no se documenta hasta 1680, mientras en catalán está ya en 1315. Es decir: entró por el catalán, tres siglos después de que el topónimo Tarifa fuera archiconocido en Castilla. En castellano medieval, esa idea se decía con otra palabra: arancel.
La «tarifa plana» no tiene nada que ver con el pueblo de Tarifa: Corominas lo desmonta con fechas, y de paso deja lista una entrada perfecta para la sección de etimologías falsas.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
DCECH (Gredos), vol. RJ–X, s.v. TARIFA: «TARIFA, del ár. taʿrīfa íd., derivado de ʿarrafa 'informar, dar a conocer'; tomado por conducto del catalán. 1.ª doc.: 1680, Aut. […] No sólo no conozco ejs. cast. medievales, sino que es palabra ajena a los Aranceles santanderinos del S. XIII, a los glos. de h. 1400, a APal., Nebr., PAlc., C. de las Casas, Percivale, Oudin y Covarr., a pesar de que en varios de estos diccionarios aparece el nombre de lugar Tarifa, que habría podido sugerir el nombre común si éste fuese usual en cast. […] De esto se deduce que arancel era el único vocablo cast. usual en la Edad Media […] y tarifa se tomaría posteriormente del catalán».
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Significado original«Paz, salvación»: la palabra del saludo musulmán.
Primera documentaciónzalema: 1591, Percivale, que define «çalemas: curtesie, fained kindnes». zalamero: fines del s. XVII, Diccionario de Autoridades.
Zalema era la reverencia. Covarrubias la define en 1611 como «la cortesía y humilde reconocimiento que haze el inferior al mayor, con mucha sumisión», y ya entonces se percibía como exageración fingida: Percivale, veinte años antes, la había traducido al inglés como fained kindnes, amabilidad fingida. De ahí sale zalamero. Corominas explica que los arabistas dudan entre derivarla del sustantivo salām a secas o de la fórmula completa as-salām ʿalayk —de esta última viene sin discusión el francés salamalecs— y concluye que probablemente contribuyeron ambas, porque pocas palabras tienen en árabe una fraseología tan rica y tan cortés. La duda, conviene decirlo, es sobre qué fórmula con salām lo originó; que viene de salām no está en discusión.
Zalamero significa, en su origen, «el que anda diciendo as-salāmu ʿalaykum». El saludo musulmán quedó fosilizado en castellano como sinónimo de adulación empalagosa; leído hoy, dice menos sobre el saludo que sobre el oído con que lo escuchaba la España del XVI.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ZALEMA, del ár. salâm 'paz', 'conservación', 'salvación', muy empleado en frases de saludo y cortesía.» En DERIV.: «Zalamero [fin S. XVII, Aut.]; zalamería [Aut.].» En CPT.: «Zalamelé, del salâm ʿaláyk ya citado.» (DCECH, s.v. ZALEMA)
Segunda sección
Los falsos arabismos (12)
Palabras que parecen árabes y no lo son. Unas porque su al- no es el artículo árabe, sino el resto de otro artículo, un artículo italiano o pura coincidencia. Otras porque, aunque ese al- sí se lo deban al árabe —pegado por intrusión o copiado por imitación—, la palabra que hay debajo es latina. Y otras porque circula sobre ellas una etimología árabe bonita que el DCECH desmiente, o sencillamente ignora porque la palabra viene de otro sitio. Va primero «olé», que es la que nosotros mismos tuvimos que corregir en público.
Origen realLlamada expresiva, hermana de «hola» y «hala». No un juramento.
Primera documentaciónh. 1780, en un sainete de Ramón de la Cruz; la acentuación «olé» aparece en Salvador Rueda (1886)
La etimología árabe no nació en la calle: la propuso el arabista Miguel Asín Palacios en el Boletín de la Real Academia en 1920, y la Academia ya la había recogido en 1914. Corominas la examina en serio y la rechaza con un argumento fonético que no admite réplica: en Andalucía la pronunciación popular era «jole», con hache aspirada, igual que en Veracruz se dice «jola» por «hola». Una palabra que empieza por hache aspirada no puede venir de una que empieza por «w». Corominas añade dos cosas: que el árabe no prestó al castellano ni una sola interjección permanente —salvo ojalá, que técnicamente es una frase desiderativa— y que el mismo Asín atribuyó origen árabe a «hala», «arre» y «guay» con la misma ligereza.
Corominas lo cierra en una línea: «Un pormenor decisivo demuestra que ole es lo mismo que hola y no viene del árabe». Quien repite el bulo acierta en el fondo y falla en el ejemplo: el árabe sí está en tu boca a todas horas, solo que en ojalá, no en olé. Y lo decimos con conocimiento de causa: esta academia lo contó mal una vez y tuvo que corregirlo en público.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«¡OLE!, probablemente es lo mismo que el hole americano, empleado para llamar, variante de hola y hala, todas ellas de creación expresiva.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ¡OLE!)
Origen real«Lo que guarda al ejército»: campamento, alojamiento, en gótico.
Primera documentacióntercer cuarto del siglo XIII, Poema de Fernán González
Esta palabra no solo no es árabe: pertenece a la capa anterior, la visigoda. Es un compuesto gótico de HARJIS, «ejército», y BAÍRGAN, «guardar»: lo que guarda a la tropa, el campamento. De esa misma raíz salieron el alemán Herberge, el italiano albergo y el francés auberge. ¿Y la ele que la hace parecer árabe? Corominas lo explica sin misterio: «se explica por disimilación de la primera R». La forma antigua era «arbergue» —en el Poema de Alfonso XI, de 1290, todavía se lee «arbergada»— y a la lengua le costaba sostener dos erres tan seguidas, de modo que convirtió la primera en ele.
El al- de albergue no es un artículo: es una erre cansada. La palabra decía «arbergue», la boca se cansó de la primera erre y la cambió por ele, y de paso la disfrazó de arabismo para siempre. Debajo del disfraz hay un campamento godo.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALBERGUE, del gót. *HARIBAÍRGO “campamento”, “alojamiento” (alem. herberge, a. alem. ant. hēriberga), compuesto de HARJIS “ejército” y BAÍRGAN “conservar, guardar”, probablemente tomado por conducto del catalán o de la lengua de Oc. […] La -l- se explica por disimilación de la primera R; una forma arbergada se halla todavía en el P. de Alf. XI, 1290.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ALBERGUE)
Origen real«A la cuesta arriba» (italiano all'erta): el punto alto desde el que vigila el centinela.
Primera documentación1517, y quizá ya en 1489
Aquí sí hay un artículo pegado a la palabra. Lo que pasa es que es italiano. «All'erta» es «a la erta», y «erta» es la cuesta arriba, participio del viejo verbo èrgere, «levantar», del latín ERIGERE, el mismo de «erguir». La locución era una orden de cuartel: al grito de all'erta los soldados se levantaban y subían a lo alto a ponerse en guardia. En italiano «stare all'erta» está documentado desde la segunda mitad del siglo XV, y «erto» ya en Dante; al castellano entra en 1517, con el vocabulario militar de la época, y de ahí pasó también al francés «alerte». Su hermana «alarma» Corominas la coloca dentro del artículo ARMA, fechada en 1548.
«Estar alerta» es, palabra por palabra, «estar en la cuesta»: el centinela subía a lo alto para ver venir al enemigo. El artículo que llevas pegado ahí no vino de Granada; vino de Italia, en la mochila de un soldado.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALERTA, adv., interj., del it. all'erta íd., y éste del sustantivo erta “subida”, propiamente participio del verbo anticuado èrgere “levantar”, procedente del lat. ERĬGĔRE íd.: la locución interjectiva all'erta sirvió al principio para invitar a los soldados a levantarse y ponerse en guardia en caso de ataque.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ALERTA)
Origen real«Aire, aliento» (latín ANIMA): el alma es, literalmente, la respiración.
Primera documentaciónjarchas anónimas de los siglos XI y XII, y el Cantar de Mio Cid
«Alma» es latín puro: ANIMA, que antes de significar «alma» significaba «aire, aliento». El alma es, en su origen, la respiración —la misma imagen que está detrás de «animar», «desanimado» o «exánime», y la misma palabra que en su forma culta dio «ánima», «ánimo» y «animal». Toda su familia castellana es latina de arriba abajo: unánime, magnánimo, ecuánime, pusilánime. Y sin embargo su primera aparición documentada, según Corominas, está en al-Ándalus: en las jarchas anónimas de los siglos XI y XII, los versillos en romance con que se cerraban las moaxajas andalusíes.
Es la palabra más andalusí de la lista y la menos árabe: lo primero que sabemos de ella es que se cantaba en al-Ándalus, y aun así es latín de cabo a rabo. Convivir no es descender: dos lenguas pueden compartir la misma página durante siglos sin que una engendre a la otra.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALMA, del lat. ANĬMA “aire, aliento”, “alma”. 1.ª doc.: ḫarǧas anónimas de los SS. XI y XII […]; Cid.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ALMA)
Origen real«Lo que sobresale», del latín MINA, de la misma familia que «eminente» y «prominente».
Primera documentación«amena» en el Libro de Alexandre; «almena» hacia 1270
Es la palabra con la peor suerte de toda la lista: nombra justo el perfil dentado de un castillo, la silueta que todo el mundo asocia a al-Ándalus, y viene del latín MINA, la misma raíz de «eminente» y «prominente»: lo que sobresale. Su historia es una cadena de artículos pegados. Primero fue «mena». Luego, al decir «la mena» una y otra vez, la lengua le regaló la a del artículo castellano y quedó «amena». Y por último —dice Corominas literalmente— se produjo la «intrusión del artículo árabe» y quedó «almena», hacia 1270.
Cuando dices «las almenas» llevas encima tres artículos: el castellano que pronuncias, la a de otro artículo castellano fosilizada dentro de la palabra, y un al- árabe que se coló de gorra. Y ninguno de los tres es la palabra: la palabra es «mena», y significa lo que asoma.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALMENA, del antiguo mena o amena, y éste del lat. MĪNA íd. (del mismo origen que eminēre, imminēre, prominēre “ser saliente”). […] Claro está que MINA pasó primero a mena, éste a amena por aglutinación de la a del artículo la, y finalmente a almena, con intrusión del artículo árabe, como en ALMENDRA y ALMEJA.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ALMENA)
Origen real«Almendra», del griego amygdálē a través del latín: la misma palabra que «amígdala».
Primera documentaciónBerceo, siglo XIII
En rigor, esta palabra debería sonar «amendra». Así se quedó en las lenguas vecinas: portugués amêndoa, catalán ametlla, mozárabe amédola, y todavía en aragonés antiguo alméndola. La ele castellana llegó después, y Corominas explica exactamente por qué: «es debida a imitación de las palabras de origen arábigo en al-». Es decir, el al- de almendra sí es una huella del árabe, pero de su prestigio, no de su vocabulario: el castellano tenía tantas palabras empezadas por al- que acabó vistiendo igual a las suyas propias para que no desentonaran. Su gemela culta, que entró por la puerta de la medicina sin pasar por ese vestuario, es «amígdala»: la misma palabra griega, la misma forma de almendra.
El al- de almendra es un disfraz, no un apellido. Y es la prueba más elocuente de hasta dónde llegó el árabe en el castellano: no solo le dio cientos de palabras, le dejó un molde tan fuerte que las palabras latinas se disfrazaron de árabes para encajar.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALMENDRA, del lat. vg. *AMȲNDŬLA (lat. clás. AMYGDĂLA) y éste del gr. ἀμυγδάλη íd. […] La -l- castellana es debida a imitación de las palabras de origen arábigo en al-, como ocurrió en ALMIDÓN, ALMENA, ALMEJA, ALMIRANTE, etc.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ALMENDRA)
Origen real«Morder ligeramente, empezar a comer algo»: el primer bocado del día.
Primera documentaciónhacia 1295, Primera Crónica General
Debajo de esta palabra hay un verbo latino muy físico: ADMORDERE, «morder ligeramente, empezar a comer algo». El almuerzo era, literalmente, el primer mordisco. Y durante siglos no fue la comida de mediodía sino el desayuno: así lo define Nebrija, y así se usa todavía en el Guzmán de Alfarache y en El Buscón; hoy sigue siendo el desayuno en muchas comarcas. Del al- se ocupa Corominas en una línea: no es artículo, es fonética castellana. La forma esperable era «amuerzo» —y de hecho existió, en las Cantigas y en un manuscrito arcaico del Arcipreste de Hita—, pero «el cambio de am- en alm- es un hecho muy frecuente en castellano y portugués».
Cada vez que dices «almuerzo» estás diciendo «el primer mordisco». Lo curioso es que la palabra se quedó quieta mientras la costumbre se mudaba: el mordisco se fue del amanecer al mediodía y nadie se molestó en cambiarle el nombre.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALMUERZO, del lat. vg. *ADMŎRDIUM íd., derivado de ADMORDĒRE “morder ligeramente, empezar a comer (algo)”. […] el cambio de am- en alm- es un hecho muy frecuente en castellano y portugués (vid. ejs. en ALMENDRA, ALMOREJO).» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ALMUERZO)
Primera documentación1778 en castellano; en aimara ya lo registra Bertonio en 1612
Empieza por al-, así que alguien tenía que decirlo: un diccionario etimológico alemán, el de Lokotsch, afirmó que «alpaca» venía del árabe. Corominas anota la afirmación —y su ligereza— y responde con una sola pregunta que vale para docenas de casos. La palabra es americana: Corominas la da «probablemente del aimará aḷpáka», documentada en aimara por Bertonio en 1612 y en castellano en 1778, casi tres siglos después de la caída de Granada y desde el otro lado del océano. El mismo animal tuvo antes otro nombre en español, «paco», del quechua p'áko, «rubio, amarillo rojizo», por el color de su lana.
La respuesta de Corominas cabe en una línea y te sirve para toda la vida: «¿Hace falta […] recordar que el árabe no tiene p?». El árabe carece del sonido /p/. Así que cuando alguien te venda como arabismo una palabra con pe —alpaca, paella— la primera pregunta no es de dónde viene: es por dónde entró esa pe.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«ALPACA, “variedad doméstica de la vicuña”, probablemente del aimará aḷpáka íd. […] Lokotsch, Etym. Wb. der amerik. Wörter im Deutschen, dice con extraña ligereza que debe de venir del árabe. ¿Hace falta, tratándose de vocablo tan moderno, recordar que el árabe no tiene p?» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ALPACA, y su nota 2)
Origen realVoz expresiva de llamada, de la misma familia que el francés «holà» y el inglés «hallo».
Primera documentación«ola», 1552, en Diego Gracián
El saludo más repetido del español no viene de ninguna parte lejana: es una creación expresiva, de esas que cada lengua fabrica sola y que por eso se parecen entre sí sin ser parientes. Corominas la pone al lado del francés «holà», el inglés «hallo» y el alemán «hallo» u «holla», y recuerda que Covarrubias ya decía en 1611 que «hola» era lo mismo que «hala». La propuesta de origen árabe, «wā lak» («oh, a ti»), no salió de internet: la sostenía la propia Academia en la época en que Corominas escribía, y él la despacha con tres palabras. Es la palabra gemela de olé, y cae por el mismo motivo.
El bulo de «hola» tiene un pedigrí que sorprende: no lo inventó un vídeo de redes, lo llevaba impreso el diccionario académico, y fue un filólogo quien tuvo que decir que no. Cuando saludas no estás diciendo nada en árabe: estás haciendo el mismo ruido que un francés, un inglés y un alemán llevan haciendo siglos.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«¡HOLA!, interj., voz de creación expresiva, común a varios idiomas europeos, con variantes análogas. […] No es admisible la etimología arábiga wâ lak “¡oh, a ti!”, que propone la Acad.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. ¡HOLA!)
Origen realDel nombre propio francés medieval «Macabré», por la «danse Macabré» o danza de la Muerte.
Primera documentaciónen castellano, Academia 1914; la «dance de Macabré» francesa está documentada en 1376
La versión que corre —maqābir, «tumbas, cementerio»— tuvo defensores serios: Devic, Eguílaz y la propia Academia. Corominas la desmonta sin discutir el árabe, sino la geografía y el calendario. «Macabro» es un galicismo recentísimo: en castellano no era usual ni siquiera como galicismo hasta bien entrado el siglo XIX, y entra en el diccionario académico en 1914. Antes de eso, la palabra vive solo en el norte de Francia, en la fórmula «dance de Macabré», documentada en 1376, donde Macabré es un nombre propio de persona corriente en la Francia medieval. Buscar el origen de una palabra en una lengua donde solo aparece como préstamo tardío, dice Corominas, es poner el taburete boca abajo.
Lo mejor viene después: ese maqābir árabe sí entró en español, pero con otra cara. Dio «almacabra», «cementerio moro», que aparece en Cervantes, y el portugués «almocávar». La palabra existía y estaba aquí; simplemente no era esta.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«MACABRO, tomado del fr. macabre íd., sacado modernamente de danse macabre “danza de la Muerte”, antes dance Macabré o Macabé, del nombre propio de persona de la misma forma, que se empleó en Francia en la Edad Media; aunque esta etimología está comprobada sin lugar a dudas, no se ha logrado averiguar por qué se aplicó este nombre propio a la denominación de aquel género literario.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. MACABRO)
Origen real«Sartén» (del latín PATELLA, «especie de fuente o plato grande de metal»). No «sobras».
Primera documentaciónen catalán, finales del s. XIV (Eiximenis); en castellano, en la Academia entre 1899 y 1914
Circula, sobre todo en el mundo árabe y repetida sin descanso en internet, la historia de que «paella» viene de baqiyya, «las sobras»: los criados se llevaban a casa lo que quedaba del banquete. Es un relato precioso y no resiste el diccionario. La palabra no nombra el arroz: nombra el recipiente. Del latín PATELLA («fuente o plato grande de metal») salieron el francés antiguo «paele» (hoy poêle, «sartén»), el castellano antiguo «padilla», el americano «paila» y el catalán «paella», que significa sartén y está documentado a finales del siglo XIV en Eiximenis. El castellano tomó del catalán esa palabra ya muy tarde, en torno a 1900, y con el sentido del plato.
La paella se llama así por lo mismo que la cazuela y el puchero: por el cacharro. Si alguien te contó lo de las sobras, te contó una buena historia; solo que la palabra ya tenía dueño, y era la sartén.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«PAILA, “vasija grande de metal, redonda y poco profunda”, tomado del fr. ant. paele íd. (hoy poêle “sartén”), que viene del lat. PATĔLLA “especie de fuente o plato grande de metal”. […] En catalán […] paella “sartén”, fué adaptada aquí a la terminación autóctona -ella […]: es ya antigua [fin S. XIV, Eiximenis] y hoy está casi generalizada; de ahí se tomó el cast. paella [Acad. 1914 o 1899], especializado en el sentido de “arroz a la valenciana”, así llamado porque se hace en una sartén más o menos grande.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. PAILA)
Origen real«Vuestra merced»: un tratamiento de respeto castellano, comprimido por el uso.
Primera documentación«usted», 1620; «vuestra merced», principios del s. XV
El parecido entre «usted» y el árabe ustāḏ («maestro, profesor») es real, y por eso engancha. Lo que falta en esa explicación es el camino, y aquí el camino está entero, escalón por escalón y con fecha: vuestra merced (principios del s. XV) → vuesarced (1621), vuasted (1617), vusted (1619), vuested (1635) → usted (1620). No son formas reconstruidas por un lingüista: son citas de textos reales del Siglo de Oro. Quevedo escribe «vucé» en el Buscón, Tirso «vuarced» en El burlador de Sevilla, y Lope pone «bosanzé» en boca de moriscos. Es decir: en el momento en que nace «usted», ya habían pasado más de cien años desde 1492.
Del árabe a «usted» hay un parecido; de «vuestra merced» a «usted» hay un rastro documental con fechas y autores. Cuando dos explicaciones compiten, gana la que puede enseñar el camino, no la que solo enseña el destino: tratar de usted a alguien es seguir llamándole «vuestra merced» a toda velocidad.
Fuente · Corominas–Pascual, DCECH
«Usted [1620, RFE X, 402-3] vuestra merced [princ. S. XV], que después se redujo en forma varia: vuasted [1617], vuested [1635], vusted [1619], vusté […]; por otra parte, vuesarced [1621], voarced [1635], vuarced […], voazé […] o vucé […]; también bosanzé […] en boca de moriscos.» (Corominas–Pascual, DCECH, s. v. VOS, apartado CPT.)
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